“No en mi patio trasero” es el nombre de los movimientos ciudadanos que se oponen a los riesgos que conlleva la instalación en su entorno inmediato de ciertas actividades o construcciones que son percibidas como peligrosas.
Bajo su sigla en inglés NIMBY (not in my back yard), la palabra es usada con connotaciones peyorativas por defensores del desarrollo, pues se ve a la acción de estos movimientos como poco solidarias, dado que la oposición de los ciudadanos no se produce de modo exclusivo ante la verdadera esencia del problema, sino porque éste les afecta directamente.
Según la experiencia Española, es posible vincular este fenómeno con el marketing y el quehacer político (sobretodo de la oposición), dado que los movimientos NIMBY pueden ser usados como arma electoral de una manera profesionalizada para presionar a un gobierno o autoridad en cuestión.
En los últimos años los movimientos NIMBY se han visto fortalecidos por las posibilidades de las redes sociales, donde encuentran un terreno fértil gracias al poder del marketing viral, que se ha tornado más rápido y eficiente en el marco de la web colaborativa: se crean sitios web y blogs, se suben fotos a Flickr y videos a YouTube.












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